Entrevistas

Entrevista a Virginia Gil Rodríguez

Virginia Gil Rodríguez es una autora que conocí a través de su novela 57 segundos, pero no es su única creación: La Calle Mayor, Clara y La pintura de la voz son su otros «pequeños». Son novelas cortas cargadas de enseñanzas y sentimientos que las recomendaría tanto para niños como para adultos. En la entrevista conoceréis un poco más sobre Virginia, ya que nos cuenta cómo comenzó su andadura por el mundo de las letras y cómo es su vida de autora. Espero que os guste y que os den ganas de conocer más a Virginia y a sus novelas.

  • Cuéntanos un poco sobre ti, para quien no te conozca todavía.

Leo desde que tengo cuatro años, y escribo diarios desde los nueve. El día de mis 40 años decidí regalarme la autopublicación de mi primer libro. Desde entonces llevo cinco libros publicados y varios manuscritos en el cajón, además de varias traducciones al francés (solo la de En la Calle Mayor está publicada).

Soy licenciada en Derecho internacional y comunitario, y durante varios años trabajé en temas institucionales vinculados con proyectos europeos, desarrollo local y colaboración transfronteriza. En 2012, la empresa que dirigía cerró y me propuse cumplir uno de mis sueños: escribir libros, ser escritora. Desde hace un par de años compagino mis letras con la enseñanza del francés.

  • ¿Hay algún libro que te marcara en la infancia?

La colección de cuentos de Enid Blyton. Fue mi regalo de reyes a los seis años: 12 libros «de los de mayores»; mi tesoro. Durante varios años leí los 12 volúmenes varias veces. Recuerdo organizar el mismo tipo de meriendas con mis muñecas que las que salían mencionadas en las historias. Vivía en un mundo paralelo, en una realidad diferente. Creo que nunca he dejado de hacerlo; en estos tiempos, más que nunca.

  • ¿Cuál es el lugar más raro donde te haya venido la inspiración para escribir (o donde se te haya ocurrido una idea para tus libros)?

En un ascensor ubicado en Hondarribia. Lo cogí una mañana y me encontré con un señor sentado en el asiento. Al salir, el señor permaneció dentro. Volví a tomar el ascensor horas más tarde y el señor seguía allí, contemplando el paisaje. Cuando salí, imaginé que él se quedaría y así fue. No me quité a ese señor de la cabeza en muchos días y decidí plasmar mis pensamientos en el papel. Así nació 57 segundos. Me encantaría que mis palabras llegasen hasta ese anciano.

  • ¿Alguna manía a la hora de escribir?

Necesito estar conectada conmigo misma. Estos últimos meses la casa ha estado llena y  me ha resultado difícil recogerme y crear. Necesito ese espacio, no solo físico, para permitir que las ideas se abran camino a través de mí.

  • ¿Planificas tus libros o escribes sobre la marcha?

Los planifico bastante, pero siempre me dejo llevar cuando escribo. Tengo los hitos de la historia definidos aunque no tanto como pueden estarlo en un guion de cine, los personajes elaborados, sé lo que quiero contar y lo más importante, cómo quiero hacerlo. En una primera versión dejo que salga todo lo que llevo dentro y a partir de ahí comienza el trabajo de escritura verdadero.

  • ¿En qué momentos del día sueles escribir?

Mis horarios de escritura están sujetos a los de mis hijos (de ahí que los últimos meses hayan sido poco productivos) así que aprovecho siempre que están en el colegio. Me encanta escribir por las mañanas. Me sucedía lo mismo cuando era estudiante. Tengo biorritmos matutinos.

  • ¿Hay algún tema del cual nunca hablarías en tus libros?

No creo que el problema sea el tema sino cómo se escribe sobre ese tema y el enfoque que se le da. Lo que se elige contar y lo que se deja a la imaginación del lector, el grado de realidad y detalle con el que contar una escena. Creo que podría escribir sobre cualquier tema, pero cuidaría mucho de llevarlo a mi terreno, de hacerlo mío, ponerle mi sello. Lo que no podría, por ejemplo, es escribir un libro desesperanzador. Necesito que mis libros tengan luz, que los lectores sientan esa luz al acabarlos: la esperanza.

  • ¿Hay algún autor o autora que te haya marcado hasta el punto de cogerlo como referencia o inspiración para tus escritos?

Admiro mucho a tres autores: Roald Dahl, Jordi Sierra i Fabra y Michael Ende, y en alguno de mis libros he hecho referencia a ellos. Por ejemplo, en En la Calle Mayor, May, la protagonista elige Charlie y la fábrica de chocolate como libro en la tienda de la señora Mel. En otro (no recuerdo cuál de ellos) menciono la nada de la Historia Interminable, etc. Soy muy fan de esa literatura que denominan juvenil pero que en realidad no tiene edad.

  • Pregunta difícil: ¿Hay alguno de tus libros al que le tengas especial cariño? ¿Por qué?

Ya te habrán dicho que eso es como preguntar a una madre que elija a su hijo preferido. A todos les tengo un cariño diferente y han sido escritos y publicados en circunstancias muy variadas. Pero tal vez, por haber sido el primero, el que me ha permitido adentrarme en este camino, me quedaría con En la Calle Mayor. Es curioso porque muchos escritores se avergüenzan un poco de sus primeros libros pero en mi caso ha sido la mejor tarjeta de presentación posible.

  • ¿Tienes algún nuevo proyecto entre manos?

Tengo dos proyectos, uno en fase de corrección que espero poder terminar pronto, el otro en fase de escritura al que estoy deseando volver porque es una historia en la que comparto mucho de mí. Solo espero recuperar mi centro, el tiempo de sosiego necesario, mi espacio vital para sumergirme de nuevo en ellas, mis letras.

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Y hasta aquí la entrevista de hoy. Quiero darle las gracias a Virginia por todo, tanto por aceptar la entrevista como por confiar en mí para acercaros un poquito más a ella. Os recomiendo que le deis una oportunidad a sus novelas, en pocas palabras es mucho lo que hacen sentir.

Os dejo con una frase de 57 segundos que me gustó especialmente:

«Era imposible temer a una persona que miraba y sonreía con luz».

Reseñas

57 segundos, Virginia Gil Rodríguez

57 segundos, de Virginia Gil Rodríguez

Sinopsis

57 segundos duraba un trayecto en ascensor.

57 segundos confirmaban el deterioro de mi pequeño mundo.

57 segundos me invitaban a hablar, a entablar amistad.

57 segundos contenían mi vida.

57 segundos, para subir al cielo, volver a bajar y empezar a caminar de nuevo.

Me llamo Nur y un ascensor cambió mi vida.

Reseña

Nur es una niña solitaria, enamorada de la poesía y muy segura de lo que es pero, sobre todo, de lo que no. Sus padres son políticos y lo único que les importa en la vida es el éxito y llegar lo más alto posible. Nur jamás entendió dónde estaba ese lugar tan alto.

La niña tiene todo lo que podría desear, incluso la mujer que se ocupa de su cuidado le habla en inglés para que aprenda el idioma, pero a Nur eso no la hace feliz, pues no tiene lo realmente importante para ella, que es la atención de sus padres.

La madre de Nur está obsesionada con su trabajo y con la apariencia y las formas correctas, y siempre está intentando corregir a la niña diciéndole cómo tiene que sentarse, cómo tiene que vestir, cómo tiene que hablar… cuando realmente Nur es feliz hablando solo con Mat (su amigo imaginario), leyendo poesía y vistiendo con vaqueros.

El padre solo piensa en cifras, números y estadísticas por todos lados. Un día, cuenta a su familia la noticia de que va a construir un ascensor que conecte la parte de arriba de la ciudad con la de abajo; el trayecto dura 57 segundos. Aquí empieza la historia de cómo un ascensor cambió la vida de Nur.

En sus idas y venidas en el ascensor se da cuenta de muchas cosas, pues observa a los habitantes que se montan, qué miran y de qué hablan en el trayecto. También conoce al señor Lif, un señor mayor que está siempre allí y que enseguida transmite a la niña una sensación de confianza.

57 segundos es una novela corta, escrita con lenguaje sencillo que puede ser leída tanto por niños como por adultos. Es una manifestación de sentimientos y emociones que llegan al alma y hacen empatizar con la pequeña. Algo que me gusta mucho cuando leo un libro es sentirme, en mayor o menor medida, identificada con algún personaje. Con Nur ha sido así, aunque no por los mismos motivos, pero siempre tuve la misma sensación que ella de no encajar, y tener que refugiarme en los libros, como ella hace con la poesía.

Otro detalle que me ha encantado es la referencia a varias poesías durante toda la novela, y el hecho de incluir al final algunas de ellas completas.

En definitiva, me ha gustado muchísimo, se puede leer rápido, ya que tiene poco más de 100 páginas, pero recomiendo leerlo tranquilamente y disfrutando de cada palabra.

¿Os llama la atención?

¡Nos leemos!