Reseñas

El deshollinador de Rotterdam, de María Belén Pozo Rodríguez

El deshollinador de Rotterdam, de María Belén Pozo Rodríguez

Editorial ExLibric, 2022

Sinopsis

El deshollinador de Rotterdam nació una noche del mes de diciembre de 2020. Aquellas Navidades para mí serían diferentes.

Después de algunos años con la ilusión y la magia perdidas, se vuelve a encender en mí la luz de esos días llenos de fantasías y cuentos. La culpable, una niña de tres años llamada Annaelle Dylana, mi sobrina. Por ella recuperé la niña interior que llevo dentro y volví a necesitar sentir que todo lo que soñamos se puede hacer realidad con inmenso amor y esperanza.

Oliver fue creado con una sola intención, hacernos entender que hay cosas que no podemos cambiar, que lo único que podemos poner en ello es nuestra actitud y la intención de poder vivir en paz con lo que uno tiene y que no hay nada más bello que hacer algo bonito para que otro ser humano sea feliz, eternamente o simplemente por momentos.

Oliver es un pedacito de mí que quiere ver la luz.

Reseña/Opinión

Oliver es un humilde deshollinador de Rotterdam al que en pleno mes de diciembre no le falta el trabajo. Un día le contratan para limpiar cinco chimeneas en uno de los barrios más adinerados de la ciudad y, mientras raspa el hollín de las paredes, escucha a un niño jugar con sus muñecos. Pero no es un juego divertido: el niño está recreando una conversación en la que los muñecos eran sus padres y estaban discutiendo. Oliver no puede evitarlo y al asomarse se encuentra a un pequeño en silla de ruedas asomado a un gran ventanal con cara triste. Es en este momento en el que se crea un vínculo entre Oliver y el pequeño Diego, que le cuenta su historia, una historia triste, de abandono emocional y de frustración de unos padres ante la situación de su hijo.

Como se acerca la navidad, Oliver se propone devolverle la ilusión y la magia a ese niño, y para ello cuenta con la ayuda del grandullón de Mauricio, que se meterá en el papel del mismísimo Santa Claus, así como Oliver en el de Kilvo, el ayudante de Santa Claus.

Esta historia de menos de cien páginas me ha parecido un relato tierno y emotivo que te transporta a la ciudad nevada de Rotterdam. Oliver, un hombre bueno y con un corazón enorme, me ha ganado desde el primer momento con su humildad, así como Mauricio, que demuestra tener una gran sensibilidad debajo de esa apariencia de bruto. Con Diego se me ha encogido el corazón. A veces los adultos pensamos en qué queremos nosotros y cómo lo queremos sin prestar atención a los deseos y necesidades de los más pequeños, porque lo que nosotros podemos ver como una dificultad, ellos lo ven como una oportunidad de disfrutar de la vida de forma diferente.

Lo he leído en un par de tardes y me ha dejado una sensación muy cálida en el pecho; es más que probable que lo relea en fechas navideñas para volver a sentir la magia que desprende.

Si os gustan este tipo de historias cortas os recomiendo echarle un vistazo, os va a gustar.

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